La Curiosidad de Mauro Barreiro


Cádiz, tan abrazada al Atlántico como deslumbrante, con sus calles intrincadas, su olor a mar, su brisa y su sentido del humor, por esa Cádiz tuve oportunidad de pasearme este año mientras festejaban los Carnavales. Previamente había organizado un plan de visitas, y entre ellas, como no puede faltar en esta web, estaba la visita gastronómica. Si bien en un primer momento me moví por ir a Sopranis, una de mis apuestas era por La Curiosidad, un moderno y elegante restaurante del barrio del Mentidero próximo al teatro Falla y el parque Genovés. Su inclinación por descubrir nuevos sabores, su concepto de "slow food" y su lema: tatuando paladares, acabaron conquistándome.

Su chef, Mauro Barreiro, chef joven gaditano curtido en mil batallas por fogones de toda España presenta en su restaurante una combinación admirable de pasión y atrevimiento en sus platos, una imaginación tal que le hicieron merecedor de la distinción Bib Gourmand de Michelín, todo un logro. La originalidad cobra protagonismo tanto en sus menús como en la carta, son por así llamarlo, espectáculos visuales y para el paladar. Con una cocina que aúna lo mejor del producto regional, innovando sin perder las raíces, ahí enfocan ,diría yo, su línea de trabajo.

En su La Curiosidad mató al gato, ofrecen a los invitados dos menús degustación con un resumen de lo que sus fogones deparan. Sus precios están entre los 47 y los 60 euros, ambos con maridaje incluido, un precio bastante razonable y que permite a cualquier comensal iniciarse con este tipo de experiencias, lo considero un buen punto de partida.

Nosotros escogimos carta, teníamos una mesa reservada en el salón comedor. Cabe destacar también que se puede picotear de manera informal, tapear a muy buen precio o esperar a una mesa en su prolongada barra. Hacen distinción entre el tapeo innovador, unos platos que hacen las veces de entrantes (tales como ensaladas, ceviches o tartares) y otros para compartir o acabar la velada. 

Entre el tapeo decidimos comenzar por su Ensaladilla con espuma de mahonesa y picos de choco, presentada en un vaso cerámico con forma de cascarón de huevo. El personal nos recomendó que al estar su ensaladilla compuesta en tres capas, le diésemos una cucharada hasta el fondo para saborear todas sus texturas, hicimos caso y la experiencia no pudo ser más brilllante, al fondo notamos un escabeche que le otorgaba una intensidad perfecta, todo casaba muy bien. Un Salmorejo cremoso con lomo embuchado y migas, bien cremoso puedo dar fe, desde Córdoba en el restaurante La Lonja no probábamos uno tan suave, aquí redondeado con unas migas crujientes. Preguntamos también por sus Croquetas curiosas, ellos las hacen de gambas al ajillo presentada sobre un azulejo, pedimos dos unidades por barba y quedamos encantados. Nuevamente entre su bechamel y su cremosidad ponían el listón alto. 

Aunque quedó alguna que otra tapa en el tintero, proseguimos con sus platos, y siguiendo la degustación de productos del mar (como no podía ser de otra manera estando en Cádiz), acabamos pidiendo su Pad Thai de albóndigas de choco, muy atrayente por lo visual y por lo sabroso. Las albóndigas caseras tenían un ligero pique y el limón ayudaba a que lo cítrico combinara. Un plato perfecto para compartir.

Otra más de pescado cayó, Bacalao confitado con puntillita encebollada y gazpachuelo negro, el cual dejaron caer sobre el plato en el momento de servirlo. Una presentación vistosa pero por contra fue el plato menos impactante de la comida. Demasiado líquido el conjunto que no dejó apreciar bien el sabor del bacalao. 

No queríamos irnos de allí sin pedir postre, y hubo uno en específico que por el nombre ya te creaba inquietud, Drácula, se trataba de panacota de vainilla, gel de frutos rojos y vinagre de jerez y granizado de cola, toda una declaración de intenciones. Un postre rompedor, fresco e imaginativo y a la vez, cargado de sabor, muy recomendable. 

La atención es algo que lo cuidan al detalle, el ambiente del comedor es relajado y cálido, contrasta con una barra más animada y ruidosa. El precio está más que razonadamente bien, de 4 a 6 euros se puede tapear y entre los 7 y los 15 euros están unos platos de tamaños sensatos y justos. 

Un pequeño rincón de Cádiz que guarda un gran valor gastronómico. Para los modernos foodies y para los que simplemente quieran experimentar atrayentes propuestas, para todos ellos, La Curiosidad es una de las mejores opciones que se pueden encontrar. Un establecimiento que ennoblece el arte transgresor de la cocina y lo eleva a una categoría superior.


Dirección: Calle Veedor, 10 (11003) Cádiz

Teléfono: 956 992 288

Web: Enlace