Casa del Duque



Con una amplia dedicación al mundo de los fogones, Casa del Duque es uno de los bares con más solera y de los que resisten como un roble al paso de los años en Nervión, un local de los añejos, de los tradicionales, de los que mantienen la esencia de las antiguas tabernas y mesones como si fuera una casa de comidas desde su propia estética interior (totalmente rústica) pasando por el mobiliario y llegando a su carta. Cuando entras por su puerta ya intuyes que lo que vas a comer no es nada fuera de lo común, nada alejado de los cánones de la ciudad pero lo que hacen lo hacen con mucho esmero, una cocina tradicional, de gustos sencillos y contundente con buen trato del producto. Todo para sentirte como en casa. 

Este cálido y pequeño lugar cuenta con una amplia bodega y sin estridencias, quizás un punto negro sea lo ruidoso del comedor, es verdad que en la terraza no se nota tanto el ruido, pero es uno de esos locales donde comer tiene más esencia en su interior. Es una cocina de las de antes, ofrece una carta estándar, con muchísima variedad, con buenos productos y un precio bueno acorde a los tiempos que corren y siempre adecuada a todos los bolsillos, cosa que es de agradecer. De lo mejorcito en el barrio si quieres algo clásico y sin pretensiones altas, junto a Martín Blanco o El Coli.

Para empezar en este lugar creo que nada mejor que unas Croquetas de cola de toro, o las de puchero también valen, melosas, suaves y con buen gusto y sin tropezones por medio. Tienen una extensa selección de aliños, panes de la casa y tapas sevillanas, es imposible de una tacada salir de allí con una imagen global de toda su carta, pero para compartir tienen un Roquefort dulce con mermelada de mora de zarza muy curioso y que es de las pocas tapas que innovan y salen de la línea clásica reinante. La presentación y emplatado es básico y muy sencillo, quizás en algunas tapas/platos podrían mejorar en ese sentido, no despiertan tanto interés a la vista como al estómago, y quizás esto sea porque aquí lo que se viene es a comer simple y llanamente.


Son especialistas en carnes, probamos su Solomillo al oporto, si bien demasiada salsa cubría a la carne para nuestro gusto, ésta estaba tierna y jugosa. Mejor nos pareció su Flamencón Duque, uno de sus platos estrella, cortado en dos y servido con mayonesa, bastante más rico de sabor que el anterior y mejor logrado. La Pechuga de pollo con salsa de almendras, o lo que ellos llaman Manjar blanco nos quedó espero en boca, de igual forma que la anterior, su imagen era como un flamenquín pero en este caso envuelto en una espesa capa de un fuerte regusto e intensidad de sabor pero de final más incierto que el Flamencón. Si bien en general la mayoría de su carta está exprimida a más no poder y convence, hay ligeros toques que podrían mejorar la experiencia final y hacer de Casa del Duque tu rincón favorito.
Convencerá a todos aquellos amantes de la comida de siempre sin complicaciones ni florituras, una cocina auténtica, sin fusiones ni mezclas. Conviene reservar. Como novedades, eso sí, cuentan con espacio para catas de vinos maridadas y unas más que curiosas bolsitas de picnic que ellos mismos preparan para que puedas llevártelas donde quieras a precios muy asequibles también. Seguiremos investigando.


Dirección: Calle Chaves Nogales, 7 (41018) Sevilla

Teléfono: 954 531 934 

Web: Enlace

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