El Mercader de Triana



¡Ay mi Triana querida!, allí donde se para el día y la noche, aún en los tiempos que corren me siguen sorprendiendo sus pequeños rincones rebosantes de ambiente y buena vibra. Es comprensible que Víctor Gamero haya regresado a los orígenes en su barrio para poner en marcha una abacería gourmet total, donde se junta el buen vino, el buen yantar y el formato de tienda, todo bajo el nombre de El Mercader de Triana, ilustrativo título. Y es que tras unos intensos años transmitiendo su profesión en el restaurante Alcuza, ha decidido emprender una etapa personal junto con su pareja, al mando de un negocio que transmite muchas de las cosas positivas que tiene el buen tapeo/picoteo de la ciudad.

El producto lo tiene, producto de proximidad, andaluz, de la tierra, cocina a baja temperatura manteniendo propiedades de los alimentos y muchas dosis de ingenio y gallardía. El Mercader luce como lo que es, una abacería sin pretensiones más allá de ofrecer un gran producto. Ubicado en una de las arterias más reconocibles de Triana como es esa calle Alfarería poblada de azulejos, nos recibe con unas pocas mesas altas de veladores para no perder esa sana costumbre del sur y en su interior, recargado con comestibles (latas, tarros, loncheados, botellas, picos...), un par de mesas bajas y una barra donde no cabe ni un alfiler más.

Gamero sabe dar con la tecla al corte con unas "carnes a la antigua" prevaleciendo unas Costillas de cerdo asadas tipo "mechá" (3,60€/9,50€) con una generosa dosis de sal, Lomo en manteca casero (3,20€) pero no manteca blanca, sino de la colorá, de la típica de Vejer de la Frontera o unos grandiosos Chicharrones de la localidad gaditana de Alcalá de los Gazules (3,20€/6,40€). En surtido de quesos e ibéricos la cosa no se queda corta, en formato de tapa, media y ración con claro protagonismo para el producto andaluz. Son de nota alta sus Papas aliñás con vinagre de jerez y melva canutera (3,80€/9,40€) al estilo de Sanlúcar, su más que original Semimojama de pez espada con ensalada de cous cous (3,75€/7,50€) y el que más lo disfruté: el Salmorejo de naranja sevillana con taquitos de jamón (3,50€/7,50€) cremoso cual mousse, un auténtico manjar que no hay que perderse.

Debido a las reducidas dimensiones del local y a la ausencia de cocina no veremos propuestas grandilocuentes, pero con lo poco que tienen (tostadora, microondas...) se sacan de la manga tapas tan singulares como la Cazuela de gambones y patatas gratinadas con panko (4,40€), que pese a su tamaño llenará a más de uno, el Caballito de secreto ibérico, jamón de bellota y patatas pochadas (4,80€/12,40€) o los estupendos Minigofres con ternera asada, mostaza y teriyaki Tío Pepe (2,10€ unidad) ricos en texturas y en sabor. Entre los panes y montaditos destacar el Gamboli, gambón confitado en aceite de kimchi y gulas al ajillo (3,80€) y el de Rabo de toro en su jugo y crema de payoyo con lima (3,80€).

Un proyecto personal que transmite dedicación y que desde hace un año supone un soplo de aire fresco en el barrio con uno de esos negocios que nunca sobran, muy del agrado del comensal sevillano y a unos muy buenos precios. Querer es poder y esperamos desde aquí que se afiance más aún y podamos ver novedades próximamente. 


Dirección: Calle Antillano Campos, 15 (41010) Sevilla

Teléfono: 609 562 042

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